Te contaré algo que me ocurrió a mí. Fue justo después de casarme. Teníamos toda clase de problemas... Estaba tan harto, que decidí acabar con todo. Así que una mañana, antes del amanecer, guardé una cuerda en mi coche y salí de mi casa. (...) Llegué a las plantaciones, todo eran cerezos. Me detuve, aún estaba oscuro. Traté de pasar la cuerda por la rama mas alta de uno de los cerezos, lo intenté una y otra vez, pero no hubo manera. Así que subí al árbol y até la cuerda con fuerza. Entonces sentí algo suave bajo mis manos. Cerezas, cerezas increíblemente dulces. Comí una, estaba deliciosa. Luego una segunda y una tercera. De repente, me di cuenta de que el sol estaba saliendo por la cima de la montaña que tenía ante mí. Menudo sol! Menudo paisaje! Todo era verde! En ese mismo instante, escuché a los niños saliendo hacia la escuela. Se paraban a mirarme. Me pidieron que agitara el árbol. Las cerezas caían y ellos las comían. Me sentí feliz. Bajé y recogí algunas cerezas para llevarlas a casa. Mi mujer seguía durmiendo. Cuando se despertó, también comió cerezas. Y las disfrutó. Había declinado matarme y volvía a casa con unas cerezas. Las cerezas me salvaron la vida. Una cereza me salvó la vida.Abbas Kiarostami. "El sabor de las cerezas"
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